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Esta
pregunta de carácter a la vez ingenuo y metafísico fue planteada
por dos universitarios que, por diversas razones, andaban preocupados por
el significado preciso de esa palabra en aquel momento. Alain Viala
dedica el primer capítulo de su tesis "Acerca del nacimiento de
las instituciones de la vida literaria en Francia en el siglo XVII" a un
acercamiento lexicológico que estima fundamental, agregando que
esta aproximación no puede ser sino limitada a pesar de la dimensión
de las preguntas que plantea. Para agotar el tema serían necesarios
sin duda enormes trabajos (p. 85).
La situation et le statut de la Littérature du XVIIe siècle à nos jours, se sont retournés de fond en comble. Au départ, sous le nom d'Éloquence et de Poésie préparant à l'Éloquence, elle est le bien commun d'une culture religieuse, morale, politique qui redoute de la voir autrement que comme l'huile dans ses rouages. A l'arrivée, elle n'est plus que le Kamtchatka d'une culture technique et scientifique, immense et fragmentée, qui l'a spécialisée et isolée, tout en lui rendant des hommages de principe. Entre ces deux extrêmes, le XIXe siècle a été un moment d'équilibre car en dépit du sacre de l'écrivain, qui peut aller jusqu'à la sécession dans la voyance, ce que Ch. Perelman a nommé l'Empire rhétorique continuait par l'École, l'Université, la Magistrature, les Chambres, les académies, à répandre dans les diverses professions et conditions de l'élite un sens exigeant de la forme d'expression, un art de bien dire et de bien écrire préservant les conditions d'un dialogue. (p. 27)A través de sus investigaciones cada uno de ellos y otros más dejaban entender que sería deseable un estudio que iluminara la historia de la palabra y del concepto en esa época decisiva de la vida intelectual en Francia. Aclarar ese fragmento de historia léxica no es unicamente comprender mejor el siglo XVIII, es también revelar las condiciones socio-históricas que han dominado nuestra visión contemporánea de la literatura, visión intimamente ligada al pasado de la lengua y de la civilización. Simultáneamente esto significa comprender las premisas de la separación radical entre las letras y las ciencias. Esta investigación de carácter esencialmente léxico-semántico ya está hecha. Es el resultado del trabajo que he realizado entre 1976 y 1986 de manera suficientemente exhaustiva para que pueda considerarse, me parece, como provisionalmente concluida. Dado que las disciplinas actuales se encuentran aisladas unas de otras mucho más de lo que estaban en el siglo XVII, me parece útil resumir para nuestros colegas de literatura, filosofía e historia especialistas del siglo XVII , los resultados más tangibles y más novedosos de este trabajo de diez años, realizado sobre un corpus suficientemente amplio para considerar que la fisionomía de ese léxico está representada de manera completa. Si se deseara encontrar alguna novedad ulterior, habría que aumentar el corpus utilizado al menos una decena de veces partiendo de la base de las diez mil páginas que ya posee. Para comprender aquello que aún hoy es designado por este vocablo, es preciso remontarse al menos hasta el siglo 16. Pero es a partir del siglo XVII cuando una evolución socio-intelectual va a transformar por completo el campo semántico del vocabulario de esa parte del saber profano, conduciéndolo gradualmente a una situación cercana a la nuestra. Esta evolución está estrechamente vinculada al cambio social que alteró los medios dirigentes de la Francia borbónica. La peculiaridad de esta investigación es que desborda el dominio literario (en el sentido actual del término) cuando intenta describir la geografía lingüística del saber profano tal como existía en el siglo XVII. No podría ser de otro modo porque es todo el campo léxico de esas parcelas del saber el que evolucionó de manera conjunta con la realidad conceptual que designaba y que no estaba segmentada de la misma manera que hoy. Partiendo de lo más general a lo más particular, este estudio cubre, pues, un conjunto de signos de un amplio campo referencial en el que están incluidas las humanidades, la ciencias y las artes en su sentido más general. Este estudio atraviesa las separaciones conceptuales lexicalizadas que realizan una primera división tradicional, por ejemplo arts liberaux vs arts mechaniques, y prosigue a través de la subdivisiones heredadas de la institución escolar, por ejemplo humanités [humanidades] vs philosophie [filosofía], continuando con los neologismos, por ejemplo "belles-lettres" [belas letras] vs "Sciences exactes" [ciencias exactas]. El periodo mejor representado en la encuesta se situa entre 1680 y 1760, pero sondeos más dispersos ofrecen una representación general del léxico entre 1620 y 1800. De este dominio léxico-semántico que puede serle útil tanto al literato como para el especialista en el siglo XVII, así como al historiador de las ideas especialmente al historiador de las ciencias, esta conferencia desearía ofrecer lo que se refiere principalmente al léxico de las "lettres" [letras]. |
Nuestras investigaciones nos permiten pensar que al inicio, es decir entre 1620 y 1650, esta nueva unidad lingüística no era referencialmente restrictiva, sino que traducía más bien un cambio en el punto de vista de la lectura y coexistía, sin suplantarla, con la figura bonnes lettres [buenas letras] que en el siglo 16 se encuentra bien representada y permanece viva. Esta preferencia estaba dictada por los intereses de un élite cada vez más poderosa, proveniente de los medios próximos a la corte real y de los salones, los cuales, a diferencia de los círculos ilustrados judiciales , buscaban sobre todo en la cultura un accesorio para adornar su espíritu y brillar en sociedad. Podemos decir en consecuencia que coexistían dos maneras de entender el saber: la de las "gentes de toga" [Gens de Robe en francés] que se concentraba primordialmente en la figura bonnes lettres , y la de los "mundanos" que prefería con mucho la nueva figura belles-lettres debido a las imágenes esteticistas y hedonistas que ofrecía en su campo semántico. Nótese, de paso, que esta puesta en funcionamiento del término belles lettres corresponde cronológicamente al gradual reconocimiento por la nobleza de las ventajas de una enseñanza cada vez más completa, reconocimiento que habrá de conducirla a enviar a sus hijos al colegio, frecuentemente solo par cumplir un ciclo en humanidades. En un segundo momento, el término belles-lettres asumió una nueva función denotativa: dentro de la actividad intelectual en general, el signo se orientó a no designar más que un conjunto limitado de textos, sobre todo y en particular aquellos que se referían a los oradores y los poetas de la latinidad clásica y de Grecia. Se aplicaba asimismo, en menor medida, a los grandes historiadores que en su narración hacían valer sobre todo la elegancia de la elocución. Finalmente significaba también la gramática como vía indispensable hacia la lectura de los textos. Es necesario agregar algo más: el término belles lettres era el vector de une nueva configuración referencial que incluía cada vez más las obras maestras de la literatura en lengua vulgar. En efecto, lettres humaines que era un vocablo específico del mundo escolar orientado hacia las dos lenguas cultas, y bonnes lettres que sufría aún el peso del redescubrimiento del patrimonio greco-latino del renascimiento, eran incapaces de recoger este nuevo dato de la cultura. Por último, llamar "belles-lettres" a estos textos era simultáneamente indicar al lector la preferencia que por ellos tenía la cultura dominante bajo el reinado de Louis XIII y más marcadamente bajo el reinado de Louis XIV. Esta preferencia era menos moral o erudita que retórica. Es decir a dicha cultura se le pedia un barniz de cultura, de referencias prestigiosas y de modelos de elocución. La Antigüedad ya no era la gran fuente del pensamiento. Para esta nueva élite cumplía más bien una función ornamental. |
Para comprender mejor la audaz creación del significado que aparece en el nombre mismo de la academia, debemos dar un pequeño rodeo aparentemente anecdótico: la historia de esta institución se muestra parcialmente coyunctural, al menos en el relato que Fontenelle hizo unos treinta años después de su creación, hacia 1699. En un primer momento, el ministro había previsto la presencia de un gran número de gens de lettres [gente de letras], reservando algunos días para ciertas disciplinas:
Esta decisión, que en un primer momento puede considerarse fortuita, fue enseguida apoyada y formalizada por Louis XIV en 1699 en el momento en que decidió reorganizar de manera conjunta las academias de Inscripciones y de Ciencias. Esta decisión fue aceptada de igual modo por las gens de lettres. Para convencerse basta con observar la creación en provincias de academias científicas posteriores a la fundación de la original Académie des Sciences. Todas aquellas que se dedicaron a un saber científico eligieron ciencias (Sciences) sin calificación para designar el grupo de ciencias matemáticas y físicas. El término léxico-semántico precedente se incrustó pues en las costumbres. No se trataba de un error o de una inadvertencia. Se trataba en realidad de un pensamiento oscuramente presupuesto. Este neologismo referencial habría de tener importantes consecuencias: él confería de modo preferencial para las ciencias de la observación y del cálculo el calificativo altamente valorizado de "Sciences", mientras que expulsaba al mismo tiempo de este ámbito a las artes discursivas, la metafísica, la moral y la historia. Sería interesante ir más lejos en el análisis ideológico de esta elección que nos era ni inocente ni casual. Sin duda el historiador del absolutismo vería en ello un modo de delimitar la vida intelectual, impulsando algunas clases de desarrollo y ocultando otros campos en los que el intelecto podría desplegarse. En cualquier caso, la moda mundana y frívola de ser culto por un lado y el vigoroso impulso de las ciencias duras por otro, han creado al menos en la Francia de esa época, el sentimiento de una neta separación, impulsada además por el modelo bipartita de las academias en París. No hay duda de que nuestra visión del saber, de su fisionomía y de las partes que lo componen se encuentra claramente involucrada. La línea de separación, el binarismo, habrán de acentuarse con el tiempo. Debe señalarse igualmente que el poder real (con una idiosincrasia absolutista que es una característica francesa) no favorece el desarrollo académico de las ciencias morales, jurídicas, políticas, o metafísicas, sin duda bajo la idea de que una academia similar permitiría el examen libre y por tanto peligroso de los dogmas de la religión y de las decisiones reales. |
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| 4. ¿ Que era la "littérature"
hacia 1680?
Volvamos un poco atrás.
La palabra littérature, objetivo de nuestra investigación,
concentraba en el siglo XVII las contradicciones de una época que
enfrentaba dos visiones opuestas de la cultura, la visión de bonnes
lettres y la de belles-lettres.
Este primer acercamiento referencial esta completado por un secundo acercamiento que se aproxima a la imagen ofrecida por Furetière: doctrine y érudition son términos que sugieren la imagen más austera del científico erudito que el Renascimiento habia heredado. Era la imagen de gentes como Sirmond, Petau, Lipse o Scaliger. El diccionario de Pierre Richelet ofrece pues al lector advertido la imagen contradictoria y compleja del término littérature en los años 1660-1670, puesto que este es fundamentalmente el estado de la lengua que describe su diccionario de 1680. En la edicion de 1727, que completaba aquella de Furetière, Basnage agrega un corectivo edificante para el artículo Littérature:
Una tendencia hedonista, propia de una cultura de élite, asignó al término littérature una extensión nueva y restrictiva. Aún hoy, aunque de manera lejana, somos sus herederos: hoy como ayer la littérature a dejado de incluir a la filosofía moral o política, a la lógica, a la metafísica, lo mismo que la historia, la gramática, la filología y, con mucho más razon, las matemáticas, las ciencias de la observación y la ciencias de transformación de la naturaleza. Ya no podemos decir, como lo hacía Fontenelle, que las matemáticas son una especie de littérature. |
Este doble punto de vista ilustrado de manera sucesiva por el cambio de título no es un caso aislado. Otro indicio lo ofrece la publicación en 1764 en Babuty , editor en París de Ecole de Littérature escrito por el abad de la Porte. En su prefacio, el autor señala:
Más allá de esas señales que por experiencia y confrontación jusgamos representativos de una mutación léxica y epistemológica pero que algunos podrian tachar de leve, hay sin embargo un conjunto de textos que prueban este fenómeno de transformación estadística. Muchos factores jugaron en este cambio de tendencia. Sin duda el más importante de ellos es epistemológico: en este momento entre los siglos XVIII y XIX, lo que se busca al recorrer los signos de un texto de eloquencia o de poesia ya no es solo apropiarse del bien decir, decir bien que se desea aplicar en seguida a la vida social. Lo que se busca ahora es lo mismo que orgullosamente anuncia La Harpe en su libro Lycée de 1799:
El Cours de Littérature de Villemain adoptará igualmente la forma de un cuadro. La mayor preocupación ya no es retórica; es especulativa y no debemos sorprendernos a la luz de estos hechos de ver desaparecer la retórica de los programas escolares franceses en los años 1880. |
| 6. Conclusión
Podemos decir en consecuencia que por sedimentaciones sucesivas el signo littérature a heredado algo de cada periodo:
Puesto que ninguna distribución epistemológica puede ser ontológicamente justificada por ninguna trascendencia estructural, es preciso reflexionar sobre las razones históricas que han conducido a la actual taxonomía, la cual puede ser dañina puesto que trata fenómenos estrechamente asociados en lugares distinctos. En Francia se requiere de un esfuerzo particular de los profesores de francés y de historia para abordar en conjunto una serie de contenidos que sin embargo están claramente asociados, como el barroco literario y el barroco en el arte por ejemplo. Recordamos igualmente que en Francia los estudios superiores de literatura francesa se realizan en diplomaturas que como las letras clásicas o modernas están estructuralmente separadas de las clases de historia y de filosofía. Ello hace que sólo sea posible mejorar la cultura del alumno en campos anexos al suyo a través del sistema secundario de opciones libres que nos cubren sino una octava parte del horario de los estudiantes. Se encuentran más obstáculos pues que pasarelas. Ha
sido interesante el ver dibujarse desde el siglo XVII ciertas diviciones
del saber que habrían de acentuarse. Sería igualmente interesante
comparar en las áreas culturales vecinas de Europa occidental las
configuraciones conceptuales e institucionales que la Enciclopedia adoptó
durante el mismo periodo. Que valga esto como una oferta que serviría
en caso de que esta botella lanzada al mar encontrara un día algún
universitario concernido por preocupaciones similares.
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