"La furia"


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"Tales eran sus rostros"





















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Nota aclaratoria


No quedan manuscritos de este relato. Para esta edición se ha trabajado con cuatro versiones dactiloscritas que en realidad son dos, con distintos tipos de corrección. Se han cotejado asimismo tres versiones publicadas. Se han distinguido las versiones con el siguiente sistema:

d1: primera versión, copia en carbónico (11 pp.)

d2: otra copia de d1 con correcciones manuscritas de SO y de ABC (11pp.)

d3: segunda versión, copia en carbónico con unas pocas correcciones en letra de SO y de EI (12 pp.)

d4: versión corregida de d3 con numerosas correcciones en la letra de SO y con cambio de título de "La hiena" a "La furia". Esta versión va con las páginas enumeradas (de la 103 a la 114) que implican que formó parte del manuscrito entregado a Ediciones Sur para la publicación (12 pp.)

A: versión del texto publicado en la primera edición de La Furia, 1959 (pp. 82-89)

B: versión del texto publicado en el primer tomo de los Cuentos completos, 1999, usada como base (pp. 236-42)

C: versión del texto publicado en La furia, 2006 (pp.119-29)

Daniel Balderston












La furia(1)

(para mi amigo Octavio)(2)

Por momentos(3) creo que oigo todavía ese tambor. ¿Cómo podré salir de esta casa sin ser visto? Y, suponiendo que pudiera(4) salir, una vez afuera, ¿cómo haría para llevar al niño a su casa? Esperaría que alguien lo reclamara(5) por radio o por(6) los diarios. ¿Hacerlo desaparecer? No sería posible. ¿Suicidarme? Sería la última solución. Además, ¿con qué podría hacerlo? ¿Escaparme? ¿Por dónde? En los corredores, en este momento, hay gente.(7) Las ventanas están(8) tapiadas.

Me formulé mil veces estas preguntas a mí mismo hasta que descubrí el cortaplumas(9) que el niño tenía en la mano y que guardaba de vez en cuando en el bolsillo. Me tranquilicé pensando que podía, en última instancia, matarlo, cortándole, en la bañadera,(10) para que no ensuciara el piso, las venas de las muñecas.(11) Una vez muerto lo colocaría debajo de la cama.(12)

Para no volverme loco saqué la libreta de apuntes que llevo en el bolsillo, y mientras el niño jugaba de un modo inverosímil con los flecos de la colcha, con la alfombra, con la silla, escribí todo lo que me había sucedido desde que conocí a Winifred.
(13)

La conocí(14) en Palermo. Sus ojos brillaban, ahora me doy cuenta, como los de las hienas. Me recordaba a una de las Furias.(15) Era frágil y nerviosa, como suelen ser las mujeres que no te gustan, Octavio. El pelo negro era fino y crespo,(16) como el vello de las axilas. Nunca supe qué perfume usaba, pero su olor natural modificaba el del frasco sin etiqueta, decorado con cupidos,(17) que vislumbré en el interior revuelto de su cartera.

Nuestro primer diálogo fue(18) breve:

—Che, no parecés argentina, vos.

—Es claro. Soy filipina.

—¿Hablás inglés?(19)

—Es claro.

—Podrías enseñarme.

—Para qué.

—Para estudiar me vendría bien.


Ella paseaba con un niño que cuidaba;(20) yo, con un libro de matemáticas(21) o de lógica, debajo del brazo. Winifred(22) no era muy joven;(23) lo advertí por las venas de las piernas, que formaban pequeños arbolitos azules a la altura de la rodilla y por la hinchazón pronunciada de los párpados. Me dijo que tenía veinte años.(24)

La veía los sábados por la tarde. Durante un tiempo, recorriendo el mismo trayecto del primer día, desde el busto de Dante, que queda junto a un aguaribay,(25) hasta la jaula de(26) los monos, mirando la punta de nuestros zapatos tiznados con polvo, o dando carne(27) cruda a los gatos,(28) repetimos el mismo diálogo, con distinto énfasis, casi podría decir con distinto significado. El niño tocaba sin cesar el tambor. Nos cansamos de los gatos el día en que nos tomamos de la mano: no alcanzaba el tiempo para cortar tantos pedacitos de carne cruda. Un día llevamos pan a las palomas y a los cisnes: esto(29) fue(30) un pretexto para retratarnos al pie del puente que comunica con la isla clausurada del lago, cuyo portón abunda en(31) inscripciones pornográficas. Quiso escribir su nombre(32) y el mío junto a una de las inscripciones más obscenas. Le obedecí con desgano.

Me enamoré de ella cuando pronunció un alejandrino (Octavio,(33) me enseñaste métrica).

—Me acuerdo de mis plumas de ángel, cuando era chica.

Para no turbarme, la miré en el agua. Creí que lloraba.

—¿Tenías plumas de ángel? —pregunté con voz sentimental.

—Eran de algodón y muy grandes —me respondió—. Encuadraban(34) mi cara. Parecían de armiño. Para el día de la virgen,(35) las hermanas del colegio me vistieron de ángel, con un vestido celeste; una túnica, no un vestido. Debajo(36) llevaba una malla celeste y zapatos celestes también. Me hicieron rulos y me los pegaron con goma arábiga.

Le coloqué mi brazo alrededor de la cintura, pero siguió hablando:

—Sobre la cabeza me pusieron una corona de azucenas artificiales. Las azucenas son muy fragantes, creo que eran nardos. Sí, nardos. Vomité durante toda la noche. Nunca olvidaré ese día. Mi amiga Lavinia, a quien estimaban tanto como a mí en el colegio, recibió la misma distinción: la vistieron de ángel, de ángel rosado (el ángel rosado era menos importante que
el ángel celeste).


(Recordé tus consejos, Octavio, no hay que ser tímido para conquistar a una mujer.)(37)

—¿No querés que nos sentemos? —le dije, abrazándola, frente a un banco de mármol.

—Sentémonos en el césped —me dijo.

Dio(38) unos pasos y se echó al suelo.(39)

—Me gustaría encontrar un trébol de cuatro hojas. . . y me gustaría darte un beso.

Prosiguió, como si no me hubiera oído:(40)

—Mi amiga Lavinia murió aquel día: fue(41) el día más feliz y más triste de mi vida. Feliz, porque las dos estábamos vestidos de ángel; triste porque perdí para siempre la felicidad.

Para que tocara sus lágrimas, puso mi mano sobre su mejilla.

—Siempre que la recuerdo, lloro —dijo,(42) con voz entrecortada—.(43) Aquel día festivo terminó en tragedia. Una de las alas de Lavinia se encendió en la llama del cirio que yo llevaba en mi mano. El padre de Lavinia se precipitó para salvar a su hija: la cargó, corrió al presbiterio, atravesó el patio, entró en el cuarto de baño con esa antorcha viva. Cuando la sumergió en el agua de la bañadera,(44) ya era tarde. Mi amiga Lavinia yacía carbonizada. De su cuerpo quedó sólo este anillo que cuido como oro en polvo —me(45) dijo, mostrando en su anular un anillito con un rubí—. Un día, jugando, me prometió que me regalaría el anillo cuando muriera.(46) No faltó gente malintencionada(47) que me acusara(48) de haber incendiado a propósito(49) las alas de Lavinia. La verdad es que sólo(50) puedo jactarme de haber sido bondadosa con una persona: con ella.(51) Yo vivía dedicada como una verdadera madre a cuidarla,(52) a educarla, a corregir sus defectos. Todos tenemos defectos: Lavinia era orgullosa y miedosa. Tenía el pelo largo y rubio, la piel muy blanca. Para corregir su orgullo, un día le corté un mechón que guardé secretamente en un relicario;(53) tuvieron que cortarle el resto del pelo, para emparejarlo.(54) Otro día, le volqué(55) un frasco de agua de Colonia(56) sobre el(57) cuello y la(58) mejilla; su cutis quedó todo manchado.

El niño tocaba el tambor junto a nosotros. Le dijimos que se alejara, pero no nos obedeció.

—¿Si le quitásemos el tambor? —inquirí con impaciencia.

—Tendría un ataque de nervios —me respondió Winifred.(59)

—¿Podré verte algún día,(60) sin el chico o sin el tambor?

—Por ahora, no(61) —respondió Winifred.

Llegué a creer que era hijo de ella, tanto lo complacía.

—¿Y la madre, la madre nunca puede estar con él? —le pregunté un día,(62) con acritud.(63)

—Para eso me pagan(64) —me contestó,(65) como si la hubiera insultado.

Después de una serie de besos,(66) que cambiamos(67) entre los follajes, continuó sus(68) confidencias, sin que el niño dejara de tocar el tambor.

—En las Filipinas hay paraísos.

—Aquí también —le respondí, creyendo que hablaba de árboles.

—Paraísos de felicidad. En Manila,(69) donde yo nací, las ventanas de las casas están(70) adornadas de madreperla.

—¿Con ventanas adornadas de madreperla logra uno(71) ser feliz?(72)

—Estar en el paraíso equivale a lograr la felicidad;(73) pero siempre llega la serpiente y uno la espera. Los temblores de tierra, la invasión japonesa, la muerte de Lavinia, todo ocurrió después. Lo presentí, sin embargo. Mis padres siempre colocaban afuera de nuestra casa, junto a la puerta principal,(74) un platito de leche para que las víboras no entraran en la casa. Una noche se olvidaron de colocar la leche afuera. Cuando mi padre se metió en la cama, sintió algo caliente entre las sábanas. Era una víbora. Para matarla de un balazo tuvo que esperar hasta la mañana.(75) No quería asustarnos con la detonación. Aquella vez presentí todo lo que iba a ocurrir. Fue(76) una premonición. Arrodillada en la capilla del colegio trataba de pedir protección a Dios, pero siempre que estaba arrodillada, mis pies me molestaban. Los doblaba hacia afuera, hacia adentro, para un lado, para el otro, sin hallar postura adecuada para el recogimiento. Lavinia me miraba con asombro; ella era muy inteligente y no podía comprender que uno tuviera esas dificultades frente a Dios. Ella era sensata;(77) yo era romántica. Un día, vagando con un libro, en(78) un campo cubierto de lirios, me dormí. Era ya tarde. Me buscaron con linternas: el cortejo iba encabezado por Lavinia. Allí los lirios dan sueño, son flores narcóticas. Si no me hubieran encontrado, seguramente usted no estaría hablando hoy conmigo.

El niño se sentó junto a nosotros, tocando el tambor.

—¿Por qué no le sacamos el tambor y se lo tiramos al lago?(79) —me aventuré a decir—.(80) Me aturde el ruido.

Winifred dobló su impermeable rojo, lo acarició y siguió(81) hablando:

—En los dormitorios del colegio, Lavinia lloraba de noche, porque temía a los animales. Para combatir sus inexplicables terrores, metí(82) arañas vivas(83) adentro de su cama. Una vez metí(84) un ratón muerto que encontré en el jardín, otra vez metí(85) un sapo. A pesar de todo no conseguí corregirla; su miedo, por lo contrario,(86) durante un tiempo se(87) agravó. Llegó(88) al paroxismo el día en que la invité a mi casa. Alrededor de la mesita donde estaba dispuesto(89) el juego de té con las masas, coloqué todas las fieras que mi padre había cazado en África y había mandado embalsamar: dos tigres y un león. Lavinia no probó la leche ni las masas aquel día. Yo jugaba a darle de comer a las fieras. Ella lloraba. La llevé a las hamacas del jardín, para(90) consolarla. No cesó de llorar, hasta el momento en que anocheció. Entonces aproveché la oscuridad(91) para esconderme detrás de unas plantas. El miedo secó sus lágrimas. Creyó(92) que estaba sola. El sitio de las hamacas quedaba retirado de la casa. Permaneció de pie, junto(93) a un banco rústico, rascándose nerviosamente las rodillas, hasta(94) que aparecí(95) cubierta de hojas de banano. En la oscuridad adiviné la palidez de su cara y los hilitos de sangre de sus rodillas arañadas.(96) Dije su nombre, tres(97) veces: Lavinia, Lavinia, Lavinia, tratando de cambiar mi voz. Palpé su mano helada. Creo que se desvaneció. Esa noche tuvieron que ponerle(98) bolsas de agua caliente en los pies y bolsas de hielo en la cabeza. Lavinia dijo a sus padres que no quería verme más. Nos reconciliamos, como es natural. Para celebrar nuestra reconciliación, fui(99) a su casa con varios regalos: chocolate y(100) una pecera con un pez rojo; pero(101) lo que más le desagradó fue(102) un monito, vestido de verde, con cuatro cascabeles. Los padres de Lavinia me recibieron con cariño y me agradecieron los regalos, que Lavinia no me agradeció. Creo que el pez y el mono murieron de inanición. En cuanto al chocolate, Lavinia no lo probó. Tenía la manía de no comer dulces,(103) razón por la cual la reprendían, cuando no le metían a la fuerza en la boca, bombones o dulces que yo siempre le regalaba.

—¿No querés que paseemos por otra parte? —le dije, interrumpiendo sus confidencias—. Está(104) lloviendo.


—Bueno —me contestó, poniéndose el impermeable.

Caminamos, cruzamos la avenida de las palmeras, llegamos al Monumento a los Españoles. Buscamos un taxímetro. Di(105) las instrucciones al chauffeur. En el camino compramos chocolate(106) y pan, para el niño. La casa era como las otras de su género, un poco más grande, tal vez. La habitación tenía(107) un espejo con molduras doradas y un perchero, cuyas perchas lucían(108) en sus extremidades cuellos de cisne. Escondimos el tambor debajo de la cama.(109)

—¿Qué hacemos con el niño? —pregunté, sin recibir otra respuesta que el abrazo que nos condujo a un laberinto de otros abrazos. Penetramos,(110) nos demoramos en la oscuridad(111) como en un túnel, cegados por la luz del jardín donde habíamos estado.(112)

—¿Y el niño? —volví a interrogar, viendo su ausencia, su sombrero de paja y sus guantes blancos en la penumbra—. ¿No estará debajo de la cama?(113)

—Ese andariego andará por los corredores de la casa.

—¿Y si alguien lo ve?

—Pensarán que es el hijo del dueño.

—Pero no permiten traer niños.(114)

—¿Cómo lo dejaron pasar?

—No lo vieron, debajo de tu impermeable.

Cerré los ojos y aspiré el perfume(115) de Winifred.

—Qué cruel fuiste con Lavinia —le dije.

—¿Cruel, cruel? —me respondió, con énfasis—. Cruel soy con el resto del mundo. Cruel seré contigo —dijo, mordiendo mis labios.

—No podrás.

—¿Estás seguro?

—Estoy seguro.(116)

Ahora comprendo que sólo quería redimirse para Lavinia, cometiendo mayores crueldades con las demás personas. Redimirse a través de la maldad.

Después salí en busca del niño, porque ella me lo pidió. Vagué por los corredores. No había nadie. Me detuve en el patio donde llegaban los taxímetros con parejas que ocultaban risas, alegría, vergüenza. Un gato blanco se trepó a una enredadera. El niño estaba orinando junto a la pared. Lo alcé y lo llevé(117) escondiéndome lo mejor que pude. Al entrar en el(118) cuarto, primeramente no vi nada;(119) la oscuridad era absoluta. Luego advertí que Winifred ya no estaba. Nada de ella había quedado, ni su cartera, ni sus guantes, ni el pañuelo con iniciales celestes. Abrí bruscamente la puerta(120) para ver si la alcanzaba en el corredor, pero no hallé ni el perfume de ella. Volví a cerrarla(121) y mientras el niño jugaba peligrosamente(122) con los flecos de la colcha, descubrí el tambor. Revisé(123) todos los rincones en donde Winifred hubiera podido, en su distracción, dejar algo de ella, algo que me ayudara a encontrarla de nuevo: su dirección, la dirección de una amiga, el apellido de ella.

Intenté varios diálogos con el niño, que me fueron de poca utilidad.

—No toques el tambor. ¿Cómo te llamas?(124)

—Cintito.

—Ése(125) es un sobrenombre, ¿cuál es tu verdadero nombre?(126)

—Cintito.

—¿Y tu niñera?

—Niní.

—¿Y qué más?

—Nada más.

—¿Dónde vive?

—En una casita.

—¿Dónde?

—En una casita.

—¿Dónde está esa casita?

—No sé.

—Te doy bombones, si me decís cómo se llama tu niñera.

—Dame bombones.

—Después. ¿Cómo se llama?

Cintito siguió jugando con la colcha, con la alfombra, con la silla, con los palillos del tambor.

¿Qué haré?,(127) pensaba, mientras hablaba con el niño.

—No toques el tambor. Más divertido es hacerlo rodar.

—¿Por qué?

—Porque no hay que hacer ruido.

—Si yo quiero.

—No toques, te digo.(128)

—Entonces devolvéme(129) el cortaplumas.

—No es un juguete para niños. Podrías lastimarte.

—Tocaré el tambor.

—Si tocas el tambor, te mato.

Comenzó a gritar. Lo tomé del cuello. Le pedí que se callara. No quiso escucharme. Le tapé la boca con la almohada. Durante unos minutos se debatió; luego quedó inmóvil, con los ojos cerrados.(130)

Vacilar es una de mis perdiciones. Durante minutos que me comunicaron con la eternidad, repetí: ¿Qué haré?

Ahora sólo espero que se abra la puerta de mi cárcel donde todavía estoy encerrado. Siempre fui(131) así: por no provocar un escándalo fui capaz de cometer un crimen.
(132)










Comentarios

I. Como en varios otros de los relatos, los borradores demuestran que "La furia" no era el título original. Aquí se agregó una frase ("como una de las furias") para justificar el título definitivo.

II. En este caso faltan manuscritos. En cambio, los cuatro dactiloscritos muestran múltiples etapas de corrección, la mayoría de éstas a cargo de la autora, pero con numerosas correcciones en d2 de Adolfo Bioy Casares y unas pocas correcciones manuscritas en otra letra (la de Elena Ivulich, la secretaria de Ocampo). Como informamos al principio, d1 y d2 son dos copias del mismo dactiloscrito (pero con distintas correcciones), como también ocurre con d3 y d4. Si en las correcciones de Silvina hay una tendencia hacia lo hiperbólico, con agregados que aumentan las acciones y las descripciones, en las de Bioy se nota una tendencia contraria hacia la mesura y la claridad, y una atención a la puntuación (en especial el uso de la coma).

III. En este relato hay un uso predominante del voseo en los diálogos (entre el narrador y Winifred y entre el narrador y Cintito), pero algunos usos del tuteo, que había sido el registro literario dominante de las décadas anteriores, aparecen todavía. Hay correcciones (por ejemplo la vacilación entre "devolvéme" y "devolveme") que indican que había alguna incertidumbre con respecto al uso literario del voseo, evidente en el titubeo en el uso de la tilde, más enfática que ortográficamente necesaria o correcta.

IV. Uno de los enigmas de este cuento es si el "Octavio" a quien el cuento va dedicado es Octavio Paz, amigo de los Bioy y de Bianco desde los años 40. Vale la pena mencionar dos características que posiblemente aludan a Paz: su conocimiento de la métrica ("Octavio, me enseñaste métrica") y su capacidad de conquistar mujeres ("no hay que ser tímido para conquistar a las mujeres"). En algunas de las versiones dactiloscritas, las interpelaciones a “Octavio” son más frecuentes que en la versión final.

Daniel Balderston











Notas

(1). En d1, d2 y d3: La hiena; en d4: La hiena La furia

(2). En d1, d2 y d3, hay un punto después del paréntesis, tachado en d3 y d4; en A, hay un punto, pero dentro del paréntesis; en B, no hay punto; en C, este punto vuelve a aparecer.

(3). En d4, "Por momentos" está subrayado dos veces, pero se mantuvo igual en la versión édita.

(4). En d1: pueda; en d2: pueda pudiera

(5). En d1: reclame; en d2: reclameara [en letra de ABC]

(6). En d1: por medio de; en d2: medio

(7). En d1, esta frase no está; en d2, se agrega en letra de SO.

(8). En d1: están todas tapiadas; en d2: todas

(9). En d1, d2 y d3: corta-plumas; en d3, guión tachado; en d4: cortaplumas

(10). En d1: <bañera>; en d2: <bañera>; en d3, d4: bañadera,

(11). En d1: Me tranquilicé pensando que podía, en última instancia, matarlo cortándole las venas de las muñeras, en la bañadera <bañera> para que no ensuciara el piso; en d2: Me tranquilicé pensando que podía, en última instancia, matarlo, cortándole, las venas de las muñecas, en la bañadera <bañera>, para que no ensuciara el piso, <las venas de las muñecas>. [en letra de ABC]

(12). En d1 y d2: debajo del colchón. En d2: <debajo de la cama>. [en letra de ABC]

(13). En d1 y d2: Para no Volverme loco saqué la libreta de apuntes que llevo en el bolsillo y escribí todo lo que me había sucedido desde que conocí a Winifred, mientras el niño jugaba de un modo inverosímil con los flecos de la colcha, con la alfombra, con la silla; en d2, alguien (¿ABC?) insertó los números 1, 3 y 2 para marcar la propuesta de cambiar el orden de las cláusulas.

(14). En d1: Todo sucedió en Palermo; en d2: esa frase está tachada y remplazada con La conocí en Palermo.

(15). En d1, d2 y d3: Tenía cara de araña; en d4, esta frase se tacha y se remplaza (en letra de SO) con "Me recordaba a una de las Furias," en la misma hoja donde el título "La hiena" se tacha y se remplaza con "La furia."

(16). En d2, coma agregada a mano y presente en d3 y d4.

(17). En d2, comas agregadas; en d1: cupidos con el cual se perfumaba y que yo (ileg.) vislumbré; en d2: con el cual se perfumaba y que yo (ileg.)vislumbré

(18). En d1, d2, d3, d4 y A: fué

(19). En d1: ¿Hablás en inglés?; en d2: en

(20). En d2, un interlineado de ABC, que no se utiliza en las siguientes versiones: niño que estaba a su cuidado; en C, este punto y coma se remplaza con dos puntos.

(21). En d1, d2 y d3: matemática; en d4, matemátic/as/ [en letra de SO]

(22). En d1: No era muy joven; en d2, <Winifred no> [en letra de ABC]

(23). Coma en d1.

(24). En d1 y d2, este párrafo se junta con el siguiente; en d2, hay un corchete que indica una división de párrafos aquí; en d3 y d4, son dos párrafos.

(25). En d2, coma agregada.

(26). En d1: jaula destinada a los monos; en d2: destinada de [en letra de ABC]

(27). En d1 y d2, tachadura ilegible, con "carne" escrita arriba en interlineado mecanografiado.

(28). En d1, punto en vez de coma: gatos. Repetimos [Tachado, con coma y r minúscula en letra de SO]

(29). En d1: cisnes: fué; en d2: cisnes: <esto> fue [en letra de ABC]

(30). En d1, d2, d3, d4 y A: fué

(31). En d1: tiene muchas; en d2: tiene muchas <abunda en> [en letra de ABC]

(32). En d3 y d4: nombre <(ileg.)>

(33). En d1 y d2: Octavio, <(ileg.)>,

(34). En d1: me respondió –; encuadraban; en d2: me respondió –. e<E>ncuadraban

(35). En C: Virgen,

(35). En d1: vestido; debajo; en d2: vestido;. d<D>ebajo

(37). En d1 y d2: Octavio, <no hay que ser tímido> para conquistar a una mujer; en d4: ). [hay un signo de inversión de orden en la puntación, ya que en d1, d2 y d3: mujer).]

(38). En d1, d2, d3, d4 y A: Dió

(39). En d1 y d2: sobre el pasto; en d3: sobre el pasto /al/ suelo [en letra de EI]; en d4: se echó sobre el <al> pasto césped suelo [en letra de SO]

(40). En d1 y d2: <(ileg.)> [tachadura larga, de medio renglón], seguido de: <Prosiguió, como si no me hubiera oído:>

(41). En d1, d2, d3, d4 y A: fué.

(42). En d1 y d2: me dijo; en d2: me dijo.

(43). En d3: entrecortada.; en d4: .– [hay un signo de inversión de orden en la puntación, ya que en d1, d2 y d3: entrecortada. –]

(44). En C: bañadera ya era

(45). En d1 y d2: polvo. – me dijo

(46). En d1: se muriera; en d2: se muriera

(47). En d1: No faltaron personas mal intencionadas; en d2: No faltaronfaltó personas gente mal intencionadas

(48). En d1: acusaron; en d2: acusarona

(49). En d1: personalmente <intencionalmente>; en d2, en el margen izquierdo: /a propósito/ [en letra de ABC]

(50). En d1: Es la única persona con la cual; en d2: La verdad es que sólo [en letra de ABC]

(51). En d1: bondadosa. Yo vivía; en d2: bondadosa con una persona: con ella [en letra de ABC]

(52). En d1: cuidar a Lavinia; en d2: cuidar a Lavinia<la>

(53). En d1: mechón; tuvieron; en d2: mechón <que guardé secretamente en un relicario> [en letra de SO]

(54). En d1: pelo pues su peinado quedaba afeado por el corte <que yo le había hecho>; en d2: tuvieron que cortarle el resto del pelo, pues su peinado quedaba afeado por el corte que yo le había hecho <tuvieron que cortarle el resto del pelo, para emparejarlo> [en letra de ABC]

(55). En d1: volqué; en d2: <le> volqué [en letra de ABC]

(56). En d1 y d2: agua colonia; en d3 y d4: agua de colonia

(57). En d1: su; en d2: su el [en letra de ABC]

(58). En d1: y <su> mejilla; en d2: y su la mejilla [en letra de ABC]

(59). En d1: Winifred –; en d2: Winifred –.

(60). En d1: algún día sin; en d2: algún día, sin [en letra de ABC]

(61). En d1: Ahora no es posible; en d2: Ahora no es posible <Por ahora, no> [en letra de ABC]

(62). En d1: un día, con; en d2: día, con

(63). En d1: con impaciencia <acritud>

(64). En d1 y d2: pagan. –me contestó

(65). En d1: me contestó con fastidio como; en d2: me contestó con fastidio, [en letra de ABC]

(66). En d1: besos que; en d2, besos, que [en letra de ABC]

(67). En d3: practicamos <cambiamos> [en letra de EI en d3 y de SO en d4, con /?/ en el margen izquierdo]

(68). En d1 y d2: continuó a hacerme <sus>

(69). En d1: En Manila donde; en d2: En Manila, donde [en letra de ABC]

(70). En d1: estaban <están> todas; en d2: todas [en letra de ABC]

(71). En d1: se consigue; en d2: se consigue <logra uno> [en letra de ABC]

(72). En d1 y d2: le respondí; en d3 y d4: le respondí.

(73). En d1: paraíso no es ser feliz; en d2: no es ser feliz <equivale a lograr la felicidad> [en letra de ABC]

(74). En d1, d2, d3 y d4: principal un

(75). En d1 y d2: Tuvo que esperar hasta la mañana para matarla de un balazo; en d2, la frase aparece con los números 2 y 1 sobre las dos cláusulas para indicar la inversión del orden.

(76). En d1, d2, d3 y d4: Fué [pero en d3 y d4 el acento está tachado]

(77). En d1: sensata, yo

(78). En d1: libro en un; en d2: libro, en <por> un

(79). En d1 y d2: tambor <(ileg.)> <y se lo tiramos al lago?>

(80). En d1: decirle; en d2: decirle

(81). En d1 y d2: Winifred <dobló su impermeable rojo, lo acarició y> siguió hablando conmigo.

(82). En d1: terrores, coloqué; en d2: terrores, coloqué <metí> [en letra de ABC]

(83). En d1 y d2: arañas <(ileg.)> <vivas>

(84). En d1: Una vez coloqué; en d2: coloqué <metí> [en letra de ABC]

(85). En d1: Una vez coloqué; en d2: coloqué <metí> [en letra de ABC]

(86). En d1 y d2: corregirla; por lo contrario; en d2: corregirla; <su miedo,> por lo contrario [en letra de SO]

(87). En d4: <su miedo,> por el contrario, durante un tiempo <su miedo> se agravó <(ileg.)>.

(88). En d1: se agravó y llegó; en d2: se agravó y l. Llegó

(89). En d1 y d2: donde estaba <dispuesto> el juego

(90). En d1: jardín para; en d2: jardín, para

(91). En d1 y d2: aproveché la <(ileg.)> <obscuridad>

(92). En d1: lágrimas, creyó; en d2: lágrimas, c<C>reyó

(93). En d1: pie junto; en d2: pie, junto

(94). En d1: rodillas hasta; en d2: rodillas, hasta

(95). En d1: hice mi aparición; en d2: hice mi aparición <aparecí> [en letra de ABC]

(96). En d1 y d2: cara <y los hilitos de sangre de sus rodillas arañadas> [arañadas agregada a mano en la letra de SO]

(97). En d1: nombre tres; en d2: nombre, tres

(98). En d1: acostarla con; en d2: acostarla con <ponerle>; en d3 y d4: que <(ileg.)> <ponerle>

(99). En A: fuí

(100). En d1: chocolate, una; en d2: chocolate y, una

(101). En d1: rojo, pero; en d2: rojo; pero

(102). En A: fué

(103). En d1: comer esos dulces; en d2: comer esos dulces

(104). En d1, d2, y d3: confidencias. – Está lloviendo.

(105). En d1 y d2: Dí

(106). En d1 y d2: compramos <(ileg.)> chocolate

(107). En d1 y d2: Las habitaciónes tenían

(108). En d1 y d2: perchas <(ileg.)> lucían

(109). En d1, esta última frase no está. Se agrega en d2, en letra de SO.

(110). En d1: Penetré <Penetramos, nos demoramos>

(111). En d1 y d2: oscuridad de ese abrazo; en d2: de ese abrazo

(112). En d1 y d2, el diálogo del párrafo siguiente forma parte de este párrafo.

(113). En d1, esta última frase no está. Se agrega en d2, en letra de SO.

(114). En d1 y d2, el diálogo siguiente se incluye aquí este párrafo después de un guión.

(115). En d1: el horrible perfume; en d2: horrible

(116). En d1 y d2, está también el siguiente diálogo tachado: –No podrás. No te amo; <(ileg.)> soy sincero. –¿Qué importa que no me ames? Cualquier cosa que hicieras sería indiferente. Uno sufre por los que uno ama. –¿Crees?

(117). En d3: llevé, escondiéndome

(118). En d1: entrar al cuarto; en d2: entrar al <en el> cuarto

(119). En d1 y d2: no vi nada:

(120). En d1 y d2: Abrí la puerta bruscamente

(121). En d1, d2, d3 y d4: Volví a cerrar la puerta

(122). En d1: jugaba con; en d2: jugaba <peligrosamente con> [en letra de SO]

(123). En d1: colcha, revisé todos los rincones; en d2: colcha, <hasta que descubrí el tambor, revisé> [en letra de SO]; en d3: tambor, rRevisé

(124). En d1 y d2: –¿Cómo te llamas? No toques el tambor; en d2, una flecha indica la inversión de las dos frases.

(125). En A: Ese

(126). En d1 y d2: –<Ese es un sobrenombre.> ¿Cuál

(127). En d1 y d2: Qué haré –pensaba; en d2, se agregan las marcas de interrogación a mano.

(128). En C: No toques te digo.

(129). En d1, d2, d3, d4, A y C: devolveme

(130). En d1 y d2, el último párrafo del relato dice: ¿Qué hare? Espero sólo que se abra la puerta de mi cárcel donde todavía estoy encerrado, escribiéndote, Octavio, para no Volverme loco; en d2, se agrega la frase siguiente, como interlineado (en letra de SO) antes de ¿Qué haré?: Vacilar es una de mis perdiciones. Durante minutos que me comunicaron con la eternidad, repetí: ¿Qué haré? Espero <Ahora> sólo estoy encerrado, escribiéndote, Octavio, para no Volverme loco.

(131). En A: fuí

(132). En d3: encerrado, escribiéndote, Octavio, para no Volverme loco. Siempre fuí así: con tal de <por> no provocar un escándalo fuí capaz de cometer un crimen. [en letra de SO]; en d4, esta última frase está agregada a máquina, con una letra más clara que la anterior.