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Pero confrontar originales con escritos definitivos
¿No será una forma de enloquecer?

Armonía Somers (nota inédita)

 

El comienzo de la historia

Poitiers, Francia. Octubre de 2011. Iba a encontrarme con los papeles guardados de Armonía Somers. El encuentro auguraba una mezcla de misterio y curiosidad. Tomé contacto con los documentos, cuidadosamente conservados en una gran cámara refrigeradora. Desde ese momento, el misterio se transformó en desafío. Tenía en mis manos y a mi cargo nada más y nada menos que los archivos de Armonía Somers. Tantos años transitando por su escritura, tantas lecturas, encuentros y desencuentros, conjeturas, inferencias… y ahora ellos, los manuscritos y los distintos documentos, algunos con anotaciones al margen hechas por su autora, subrayados, notas…tenían la palabra.
Y puse manos a la obra.



El cruce del océano: orígenes del Fondo Armonía Somers

Armonía Liropeya Etchepare Locino nació en Pando, Uruguay, en 1914 y murió en Montevideo en 1994. Estudió magisterio en el Instituto Normal y en 1933 obtuvo el título de maestra. Al año siguiente comenzó su ejercicio docente ampliado más tarde (1939) con su trabajo en la “Biblioteca y Museo Pedagógico del Uruguay”. Hasta la mitad del siglo se desempeñó exclusivamente en la docencia, pero en 1950 inició su carrera de escritora con el seudónimo de Armonía Somers usado en su primera nouvelle La mujer desnuda, aunque ya había escrito en 1948 el cuento “El derrumbamiento”, recién editado en 1953. Armonía Somers nunca dejó de reconocer y defender las dos facetas de su vida. En los archivos, ambas están representadas con distintos tipos de documentos a los cuales hemos organizado respetando esa separación.

Pero, antes de describir el contenido del Fondo Armonía Somers, es importante señalar cómo llegó a Poitiers y cuáles fueron las razones esgrimidas para que esos papeles cruzaran el océano.

Dos donaciones importantes constituyen la base del Fondo Armonía Somers. Ambas fueron realizadas por amigos de la escritora y amigos a su vez entre sí: Nicasio Perera San Martín y Miguel Ángel Campodónico. El primero vive desde hace muchos años en Francia; el segundo en Montevideo. Los documentos cruzaron el atlántico y fueron depositados en el CRLA en el año 2009, en ocasión de realizarse un coloquio de escritores titulado “El Bestiario de la literatura latinoamericana”, oportunidad en la cual, junto a Sylvie Josserand, destinaron un espacio a la presentación de los Archivos virtuales latinoamericanos.(1)

En algunos papeles de la autora encontrados entre sus manuscritos, leemos estos dos nombres. Ellos frecuentaron a Somers y cuidaron celosamente que sus escritos tuvieran un destino apropiado a la calidad de su trabajo. Formar parte de los fondos de escritores latinoamericanos reunidos en el CRLA de la Universidad de Poitiers fue un acto de reconocimiento y de puesta en valor de una escritora y de su escritura.

Muchos se preguntan por qué en Francia, por qué no en Montevideo. Los avatares y devenires de las cuestiones intelectuales de cada país deciden, en muchas ocasiones, el destino de su memoria cultural. En este caso, ambos donantes consideraron que Poitiers era “la casa” que debía albergar los archivos de una escritora que fue escasamente leída, poco comprendida y menos valorada en Montevideo.

“Este cadáver no les pertenece”, dijo Miguel Ángel Campodónico en el momento en que realizó la donación de una parte de los Fondos Armonía Somers, parafraseando a quien enunciara lo mismo en el entierro de los restos del uruguayo Herrera y Reissing. Y, tanto es así que, junto con Nicasio Perera San Martín coincidieron en esta certeza:   “No queríamos que los papeles de Armonía Somers estén en Uruguay”, dijo Nacho Perera. Desde entonces el “cadáver” está resguardado, protegido, cuidado y, a partir de noviembre, está siendo organizado y en vías de convertirse en fuente de nuevas investigaciones. El acto de donación fue un homenaje a la escritora; lo mismo representa para mí el hecho de organizar los documentos y manuscritos para su posterior difusión, con el fin de propiciar nuevas lecturas y enriquecedores acercamientos a su obra.

¿Y por qué es importante que este fondo salga a la luz? Porque en Uruguay Armonía Somers prácticamente no existe. Tal como refirieron ambos amigos en el momento de la entrega de los documentos, por distintas razones, algunas políticas, otras personales, aunque ninguna de ellas relacionadas con cuestiones que deberían ser prioritarias, tal la calidad de su escritura, la escritora pasó al olvido. Pocos hoy la recuerdan. Algunos la consideran “escritora de culto”, pero, en general, han echado un manto de olvido sobre sus textos. Conjeturamos que otra de las razones de este olvido es que se trata de una obra que no se abre fácilmente a la lectura y a la interpretación. Lo cierto es que ha gozado de mayor prestigio en el extranjero que en su propio país. Sus amigos estuvieron totalmente seguros de que tomaban la decisión acertada.   

Estamos convencidos de que a partir de nuestro trabajo y de la posterior digitalización de los documentos, los escritos de Armonía (Somers y Etchepare) van a cobrar nueva vida. El acceso público y abierto a la documentación es uno de los objetivos fundamentales del programa de “Salvaguarda de la memoria escrita latinoamericana del Siglo XX”, con la finalidad de “poner a disposición del investigador estos corpus a menudo de difícil acceso”.(2)



¿Qué documentos hay en el Fondo Armonía Somers y cómo se está organizando?

Aunque la tarea no está concluida, es factible realizar una descripción que dé cuenta de la tipología de documentos que constituyen el fondo. De esta manera es posible aproximarnos a la diversidad de una producción que abarca no solo lo estrictamente literario sino que resguarda también documentos pertenecientes a la “otra” Armonía, la maestra y documentalista, poco explorados hasta el momento. La posibilidad que brindará hacer públicos estos documentos abre, con seguridad, caminos insospechados en los estudios críticos sobre su obra.



¿Por dónde comenzar?

Las cajas y los sobres, mudos, a la espera de quien los hiciera hablar, se presentaban como un bloque indefinido de papeles de distinto tipo, tamaños, recortes de diarios, cartas manuscritas o mecanografiadas, copias de entrevistas… Había que tomar decisiones.

Dada la generosidad de Miguel Ángel Campodónico, personalmente pude acceder a una parte de ese material original antes de su donación al CRLA. Por lo tanto, allí estaba la punta del ovillo. Comenzar por lo conocido ayudó a organizar y clasificar los documentos. La gran división provenía de la vida misma de la autora, de sus dos facetas cuidadosamente separadas, tal como lo hemos anticipado: la maestra, la pedagoga y documentalista, por un lado; la escritora, por el otro.

De tal manera decidí respetar esos dos espacios vitales y profesionales en la organización de los documentos. En ambos “paquetes” donados,  había documentos de uno y de otro ámbito, por lo que fue necesario ordenarlos según una clasificación interna que después podrá apreciarse cuando el fichero del archivo esté disponible.



La maestra-documentalista

La faceta de maestra y documentalista de Armonía Etchepare solo se conoce por una que otra biografía de la autora que circula en alguna de las escasas publicaciones, y pocas veces se la ha tenido en cuenta. Pero toma cuerpo en numerosas páginas de su archivo, de allí la necesidad de comenzar a iluminar esta zona con algunos datos de interés.

Armonía Etchepare fue maestra de escuela primaria desde 1933; el ejercicio de la docencia se complementó más tarde (1939) con su trabajo en la “Biblioteca y Museo Pedagógico del Consejo Nacional de Enseñanza Primaria y Normal de Uruguay”. Entre esa fecha y 1950 escribió trabajos de índole pedagógico y desempeñó numerosas actividades. Entre ellas, una que resulta fundamental para rastrear la génesis de los modos de conservación de sus documentos y manuscritos: fue directora del Centro Nacional de  Documentación y Divulgación Pedagógicas y, en 1964, invitada por la UNESCO a París para realizar estudios sobre documentación, estudios que se complementan en Dijon, Ginebra, Madrid y posteriormente  en Buenos Aires (1967,) bajo los auspicios de la O.E.A.(3)

Podemos visualizar huellas de esta actividad en sus papeles. Es más, en una carta destinada a su esposo, del 13 de abril de 1964, escribe que se siente ahogada por los papeles y que ha tomado la decisión de romper todo. Pero que, dado el dolor que le iba a causar a su esposo, guardó el “famoso, entonces, proceso de La mujer desnuda, ordenado en todos sus avatares, con etiquetas, como si trabajara para un museo… Ya ves que de algo sirve la profesión, o que la profesión nos sigue. Odio los manuscritos que quedan para los chismosos que después quieren revolver papeles. Espero que este sea solo para ti…” (inédito) (énfasis propio).

Este fragmento y el que citamos como epígrafe dan cuenta de, por una parte, la conciencia de la proyección de sus escritos y, por otra, de la incidencia de su tarea de documentalista en el resguardo de sus papeles. Da cuenta también de la tarea atribuida a su marido como primer guardián de sus escritos, literarios y pedagógicos. Según relatan sus amigos era Rodolfo Henestrosa quien insistía en mantener en orden los papeles de Armonía.

Facilita mucho a quien se enfrenta a esos documentos encontrarlos subrayados, resaltados, anotados. No quiero indicar que el orden en el cual están los documentos haya sido el que la autora decidiera; no es así. He tenido la ocasión de abrir una caja con muchos de ellos junto a Miguel Ángel Campodónico y reordenarlos en más de una ocasión. Lo que sí sucede es que es evidente la  acción de “trabajar el documento” que ayuda a quienes tenemos que organizarlos y catalogarlos. El hecho de que estén subrayados en el lugar preciso donde se menciona el nombre de la autora, algún dato de interés, o una idea contribuye a orientar nuestra interpretación.

En el caso de los documentos del ámbito pedagógico, muchos de ellos son recortes periodísticos de textos que inferimos constituyen la génesis documental del ensayo Educación de la adolescencia. El adolescente de novela y su valor de testimonio, publicado en México en 1956.(4) De tal manera, la tarea realizada por la “Armonía documentalista” contribuye a seguir el rastro de una idea, muestra el foco de interés y es muy importante, como mencionamos, a la hora de interpretar el sentido de esas intervenciones.

Entonces, en respeto a la decisión de la autora, y por la evidente diferencia en el tipo de documentos que componen esta parte del Fondo, se ha conformado un grupo con todos los documentos pedagógicos. Entre ellos hay manuscritos de una obra inédita a la cual todavía es necesario organizar y seguir el rastro de su destino editorial. Se trata de un libro sobre “Biblioteconomía” -tal el título de uno de sus capítulos- y en ellos hay descripciones, cuadros, categorizaciones, clasificaciones, etc. todo relacionado con las bibliotecas, su función, la didáctica de los museos pedagógicos, las bibliotecas infantiles, entre otros.

Otro documento que se destaca es un cuadernillo pequeño, escrito con letra muy prolija, titulado “Ana Sullivan Macy. La forja en noche plena”, escrito en distintos colores de tinta (negra, azul, roja) con correcciones y tachaduras en varias páginas, texto que seguramente llamará la atención a futuros lectores. A estos se han agregado también copias de sus escritos en los Anales de la Biblioteca y Museo Pedagógico,(5) textos breves pero iluminadores de su pensamiento sobre el libro, la lectura y la educación literaria.



Las contradicciones de la escritora

La documentalista que subrayaba todas las publicaciones con una línea de lápiz rojo, daba cuenta, por otra parte, de su deseo de “quemar” los borradores de sus obras literarias. Y acá es válido recordar la historia relatada por Nicasio Perera en el momento de la donación de los archivos, cuando refiere que encontró los manuscritos en Pinamar, lugar donde Armonía Somers escribió la mayor parte de su obra, cerca de la desembocadura del río Pando. La casa se llamaba Somersville. En uno de los viajes a Uruguay la escritora le ofreció quedarse en esa casa, y fue cuando vio una montaña de papeles que estaban “para prender fuego para hacer asado”, tal las palabras reproducidas por Perera. Agrega, además, que Armonía Somers le dijo “los ladrones entran, los revuelven, y no tengo ni ganas ni tiempo de ordenarlos”. Fue así que, junto con su mujer los ordenaron. “Aquí están los papeles, llevátelos…”, le dijo. Años después, Miguel Ángel los recuperó, a esos y a otros y ahora descansan en Poitiers.

Por otra parte, algunas notas encontradas entre estos documentos dan cuenta de su relación con estos manuscritos, siempre en textos o cartas dirigidas a su esposo. Tal el texto que, por su importancia en la reconstrucción de esta historia, reproducimos a continuación:

El baúl

Es un baúl de los llamados “pirata”. Me lo obsequió mi esposo para guardar lo que él rotulaba como mis originales, siempre en riesgo de ir al fuego. Al fondo hemos encontrado hoy los de La mujer desnuda, lo que significa que fueron colocados en estratos geológicos por su conservador. Habría mucho que decir sobre el asunto de los originales en general. Aún no me explico la razón de su valor. Una persona radicada en Francia, Universidad de Nantes, tiene ya prometidos lo de Solo los elefantes, y otro de la de Toulouse me pidió el proceso de un cuento hasta el fin de las correcciones. Yo estimo mucho a esas personas. Pero confrontar originales con escritos definitivos ¿no será una forma de enloquecer?

Los estratos geológicos hablan de fechas, de proceso, de génesis. Y esto es, justamente, lo que nos permite visualizar estos documentos. En muchos casos las sucesivas versiones de un mismo texto, sea cuento o novela, están perfectamente guardadas, con indicaciones que precisan de qué borrador o de qué edición se trata. En esto la documentalista nos da una mano a quienes lidiamos con la organización y catalogación de sus textos.

La intervención de la autora, entonces, se da tanto en las marcas personales, subrayados, o comentarios (generalmente realizados con lápiz de color rojo) en los artículos periodísticos, en las reseñas o recortes varios, como en la ordenación de los manuscritos, atados, doblados y con títulos orientadores tales como: “2° borrador con correcciones”; “ojo: hay versión corregida”; “el original lo tiene Ángel Rama”.
Esto habla de una preocupación por la preservación ordenada de los manuscritos. A tal punto que hemos contado ocho copias (dos manuscritas y el resto mecanografiadas), de Solo los elefantes encuentran mandrágora.

Son, entonces, muchas las marcas dejadas en estos documentos que evidencian la vinculación con la necesidad de preservación, de mantener la vida a través del legado de las palabras. Tal lo que hemos analizado al trabajar sus entrevistas en relación con esta novela, sobre todo cuando se pueden sacar a luz los aspectos autoficcionales. Las palabras de Somers hablan de esta estrecha vinculación entre los textos y la necesidad de mantener la memoria. Sostiene, en relación con la protagonista de la novela: “Es que la mujer agoniza y tiene terror de perder la memoria. Trae a la actualidad todos sus recuerdos porque tiene miedo de que la muerte sea la desmemorización total, se entre en el plano en que se entre. De ahí que recurra a todas sus experiencias para que queden vivas si ella muere. Es una especie de testamento.” (Clarín, 1990).

Las palabras, entonces, son las que le van a permitir mantenerse viva. Así también lo expresó Campodónico: “este es un material vivo, que no va a morir”. Y en esta tarea estamos todos empeñados.



¿Qué documentos forman el Fondo Armonía Somers?

En total, hasta el momento, se han catalogado 204 fichas y 1655 folios. Entre los documentos hay estudios críticos, artículos de prensa –en su mayoría breves y de periódicos de Montevideo-, reseñas de sus libros publicadas cuando estos eran editados, algunos (escasos) estudios críticos más extensos. También se cuenta con diversas entrevistas, en un abanico temporal que abarca casi treinta años. Algunas de ellas están inéditas y en muchos casos contamos con las respuestas manuscritas a las entrevistas y el recorte de la publicación. Resultará interesante estudiar la génesis de estas entrevistas, sus borradores, en los cuales se evidencian las elecciones, notas breves o comentarios de la autora. Esto se condice con la decisión somersiana de no responder a través de grabadores y de tomarse el tiempo necesario para redactar por escrito las respuestas a las preguntas de sus entrevistadores, con quienes tenía una relación muy particular. También hay algunas entrevistas inéditas con aclaraciones manuscritas sobre el entrevistador o datos sobre el destino de las palabras.

En el ítem “cartas” hemos podido reunir un grupo importante que abarca distintas épocas y diversos destinatarios. Algunas de las cartas están escritas por Armonía Somers y otras recibidas por ella. Hemos agregado nuevas donaciones al fondo, tales las cartas que me copiaran Juan Fló y Aurora Rama, escritas por Armonía a su padre y varias cartas de la investigadora y escritora argentina Noemí Ulla. En algunas de ellas es muy interesante rastrear la génesis editorial de Solo los elefantes… y sus avatares, descriptos y comentados por Armonía.

Y lo más importante: sus obras. Manuscritos y mecanografiados, publicados y varios inéditos; pruebas de galera corregidas de puño y letra; correcciones a ejemplares editados, entre otros documentos interesantes. En ellos es posible trazar el recorrido de distintas etapas por las cuales han atravesado las obras, desde la preparación de los textos, la búsqueda de documentación –conservada en pequeños papeles recortados en los cuales hay definiciones, citas textuales, aclaraciones-, entre otras actividades posibles, pasando por las elecciones puestas de manifiesto en las tachaduras, subrayados y otras intervenciones varias en el manuscrito o en el texto mecanografiado. Se trata de lo que Élida Lois consigna como las “etapas escriturales” de las cuales se hace cargo la crítica genética y categorizadas como genética prerredaccional; genética redaccional, genética de manuscritos y genética editorial.(6)

Esperamos que, cuando este trabajo se concluya, hayamos, no solo desafiado, sino vencido a la costumbre uruguaya de “matar el recuerdo” y que la escritura de Armonía Somers tome vida en los trabajos de investigadores de distintos puntos del planeta.

“Ella estaría totalmente satisfecha”, dijo Miguel Ángel Campodónico en la ceremonia de donación. Y…sí… es tarea de todos que así resulte.









Bibliografía
  • Campodónico, Miguel Ángel, Perera San Martín, Nicasio y Josserand, Sylvie, “Presentación del programa Archivos virtuales latino-americanos. Estado del programa y nuevos fondos.” http://uptv.univ-poitiers.fr/web/canal/61

  • Colla, Fernando (coord.), “La colección ARCHIVOS”, in: Archivos. Cómo editar la literatura latinoamericana del Siglo XX. Poiters: CRLA, Archivos, 2005,11-31.

  • Dalmagro, María Cristina, Desde los umbrales de la memoria. Ficción autobiográfica en Armonía Somers. Montevideo: Biblioteca Nacional de Uruguay, 2009.

  • Josserand, Sylvie, “Las ediciones electrónicas de ARCHIV OS”. in: Fernando Colla (coord.) Archivos. Cómo editar la literatura latinoamericana del Siglo XX. Poitiers: CRLA, Archivos, 2005, 217-238.

  • Lois, Élida, “Métodos y procedimientos”. in: Fernando Colla (coord.) Archivos. Cómo editar la literatura latinoamericana del Siglo XX. Poitiers: CRLA, Archivos, 2005, 125-168.










Notas

(1). La grabación de este evento puede consultarse en la página del CRLA-Archivos. Cft. Bibliografía.

(2). S. Josserand, "Las ediciones electrónicas de ARCHIVOS”. in: Fernando Colla (coord.) Archivos. Cómo editar la literatura latinoamericana del Siglo XX, Poitiers, CRLA-Archivos, 2005, p. 238.

(3). Cft. M. C. Dalmagro, “Armonía Somers/Etchepare: Las huellas biográficas”, in  Desde los umbrales de la memoria. Ficción autobiográfica en Armonía Somers, Montevideo, Biblioteca Nacional de Uruguay, 2009, pp. 45-58.

(4). En mi tesis de maestría he trabajado con la confluencia entre este ensayo y una nouvelle de Somers, Un retrato para Dickens. Los cruces entre ambas actividades celosamente separadas por la autora han sido puestas en evidencia en este trabajo. (Un retrato para Dickens: confluencias y proyecciones. UNC, 2003, inédita)

(5). Estos textos no estaban entre los documentos de las donaciones originales sino que las he agregado para complementar el archivo, al igual que algunas cartas (las de Angel Rama y las de Noemí Ulla, por ejemplo) que he conseguido durante mi investigación y ahora forman parte también del Fondo AS.

(6). E. Lois, “Métodos y procedimientos”, in: Fernando Colla (coord.) Archivos. Cómo editar la literatura latinoamericana del Siglo XX. Poitiers: CRLA, Archivos, 2005, p. 129.